Entrevista
El ahora Embajador de Colombia en Estados Unidos habló de su vida con la revista BOCAS.
La Nación Digital
Juan Carlos Pinzón: guerra y paz

El fusil luce como una pieza de museo. Está en una urna de cristal al fondo de la oficina del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón. Es un AK 47 negro, que parece nuevo y que representa uno de los golpes más duros en la historia reciente en la lucha contra la guerrilla: la muerte en combate, el 4 de noviembre del 2011, de alias Alfonso Cano, máximo jefe de las Farc.

Es imposible no verlo, pese a que la oficina del ministro –de 15 x 7 metros– parece un pequeño museo militar. Está atiborrada de condecoraciones, reconocimientos, placas, escudos, y de soldados y caballos en miniatura que le han entregado durante los tres años y nueve meses que lleva como ministro de Defensa, el período más largo de un ministro civil con este cargo en el país.

El AK 47 se lo regaló uno de los hombres de las Fuerzas Especiales que participaron en la operación militar Odisea, que terminó con la muerte de Cano ese 4 de noviembre. Ese día Pinzón hizo su primera aparición en televisión como ministro. Pocas personas conocían a ese hombre de 40 años, de 1,85 metros, de contextura gruesa, que salió vestido como diplomático –de impecable traje y corbata– y peinado como militar.

Los cercanos al Gobierno sabían que se trataba del exsecretario privado de la Presidencia (agosto 2010 - septiembre 2011) y que había sido el viceministro de Defensa durante cinco años (2006 - 2010), casi los mismos que Santos fue ministro durante del gobierno de Uribe. Los militares lo habían visto con Santos en momentos claves de la lucha contra las Farc, como en julio de 2008 cuando se realizó la Operación Jaque, en la que liberaron a Íngrid Betancourt, a los tres contratistas norteamericanos y a otros 11 secuestrados; y lo vieron tras bambalinas cuando se dio la noticia de la muerte de alias Raúl Reyes, en marzo de 2008 y ahora lo veían en primera fila anunciando la muerte de Cano.

El joven ministro venía de una familia de clase media, pero con un legado militar que se extiende por más de 120 años. Pinzón es hijo del coronel en retiro Rafael Pinzón Rico y nieto de un héroe de guerra, el general Roberto Rico, que comandó las tropas colombianas en el conflicto con el Perú, a principios del siglo XX. Nació en el Hospital Militar de Bogotá y diez días después fue llevado al batallón de ingenieros Agustín Codazzi, de Palmira, donde su papá era teniente. Aprendió a caminar en la segunda brigada de Barranquilla, donde su padre tenía un cargo administrativo. Y aprendió inglés cuando tenía ocho años y su papá estudiaba en una escuela de ingenieros militares en Estados Unidos.

Jugó a ser soldado y se disfrazó de militar en muchas fiestas de Halloween. Se graduó como bachiller militar del Liceo Patria de Bogotá, en diciembre de 1989, con mención especial y como brigadier mayor del colegio. Soñaba con el día en que empezaría su carrera de oficial, pero cuando llegó la hora su padre se opuso y terminó estudiando economía.

Mientras estudiaba, en 1993, conoció a Juan Manuel Santos, que fue a dictar una charla en la Javeriana siendo ministro de Comercio. "Resultó que una de las personas que le ayudaban era un buen amigo mío y me lo presentó ahí en esa conferencia", cuenta Pinzón quien, en 1994, se inscribió como voluntario de la Fundación Buen Gobierno, que acababa de fundar Santos.

En esa época estudió un máster en Economía en la Javeriana y en 1997 se casó con María del Pilar Lozano, también hija de militar y la mejor amiga de su única hermana, Mónica Pinzón. Ese año se ganó una beca para estudiar otro máster, en Políticas Públicas, en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, Estados Unidos. Y, en 2000 volvió al país por una llamada de Santos, que lo eligió para ser su secretario privado en su período como ministro de Hacienda. Se puede decir que su vida profesional la ha hecho al lado de Santos, con excepción de la época en que trabajó en el Banco Mundial y cuando fue vicepresidente de Asobancaria y vicepresidente de la banca de inversión del Citigroup. Lo conoce hace más de 22 años y ha trabajado al menos 12 con él. Su relación, incluso, ha llegado al plano personal.

El Ministerio de Defensa de Pinzón, aunque civil, ha estado marcado por hábitos y costumbres de militar: se levanta a las cinco de la mañana, corre siete kilómetros diarios, sus zapatos parecen de charol. Y se ha caracterizado por hablar fuerte contra las Farc, a las que, asegura, se les han dado fuertes golpes en los últimos cuatro años. Según sus estadísticas, las que pide mantener actualizadas de una manera estricta y meticulosa en listados de Excel, les ha quitado 53 cabecillas a las Farc y ha sacado de combate a 13.521 guerrilleros ‒3.916 desmovilizados, 8.511 capturados y 1.094 muertos en combate‒. Durante su ministerio, dice, también peleó por la aprobación de la reforma al fuero militar, para proteger judicialmente a los militares y policías. Creó un fondo de defensa judicial para pagar mejores abogados a los militares envueltos en casos judiciales por asuntos del servicio. E hizo inversiones para que Colombia quedara construyendo submarinos de guerra, aviones de combate, carros blindados y aviones no tripulados, juguetes que fueron su obsesión desde que era niño.>

El 23 de junio le entregará el ministerio a Luis Carlos Villegas, quien deja la embajada de Estados Unidos para entregársela, a su vez, a Pinzón, en un inusual trueque. Se va en medio de atentados de las Farc, de las críticas de Uribe, que dice que bajó la guardia en seguridad, y en medio de los halagos de Santos, que en una ceremonia militar en Cali, dijo que Pinzón "dejó las Fuerzas Armadas más fuertes que nunca" y que "es un hombre leal, tal vez el más leal".

De su oficina se llevará los objetos que él considera más preciados, entre ellos estará el casco de un soldado que tiene sobre una mesa de juntas, que era del teniente José Gerardo Maca, quien perdió una pierna al caer en una mina antipersona en la vereda Playa Rica, en La Macarena, Meta, el 25 de noviembre de 2013. Y, claro, se llevará el fusil del escolta de alias Alfonso Cano.

¿Celebró cuando mataron a Alfonso Cano?

Yo le quiero hablar con mucha sinceridad, yo nunca celebré la muerte de nadie, ni del peor terrorista.

¿Dónde estaba cuando le dieron la noticia?

Estaba en el centro de operaciones desde las seis de la mañana, pendiente. En esa operación se tomaron muchos riesgos, se puso en riesgo la vida de los pilotos, de las Fuerzas Especiales, de la gente de inteligencia. Ese fue un día muy importante en términos del gran esfuerzo que se hizo y del gran golpe que se dio.

La típica llamada del presidente al Pentágono, a la madrugada, de un teléfono secreto, que sale en las películas, ¿es común en la vida real?

Más común de lo que se cree, muchas veces me llamaron a la madrugada, pero sobre todo los generales para informarme de las operaciones, unas positivas, otras negativas, los teléfonos sonaron muchas veces a las tres y cuatro de la mañana.

¿Cuénteme una?

Cuando estábamos haciendo la operación Armagedón, donde cayeron 44 jefes de las Farc, incluidos seis jefes de frente, nos quedamos hasta las tres de la mañana despiertos. Yo me fui a dormir a las cuatro, y apenas empezaba a conciliar el sueño, me llamaron para decirme que las tropas ya estaban en el terreno y que todo indicaba que había un resultado positivo. Este golpe fue de la mayor importancia estratégica en todos estos años, pero poca gente lo reconoce, porque no cayeron los más famosos.

 
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